Amós 9:1-10

Vi al Señor de pie junto al altar, y me dijo:

Golpea los capiteles y que se estremezcan los umbrales,
y rómpelos sobre la cabeza de todos.
Entonces mataré a espada al resto de ellos;
no habrá entre ellos fugitivo que huya,
ni refugiado de ellos que escape.
Aunque caven hasta el Seol,
de allí los tomará mi mano;
y aunque suban al cielo,
de allí los haré bajar.
Aunque se escondan en la cumbre del Carmelo,
allí los buscaré y los tomaré;
aunque se oculten de mis ojos en el fondo del mar,
allí ordenaré a la serpiente que los muerda.
Aunque vayan al cautiverio delante de sus enemigos,
allí ordenaré a la espada que los mate,
y pondré sobre ellos mis ojos para mal y no para bien.

El Señor, Dios de los ejércitos:
el que toca la tierra, y esta se derrite,
y se lamentan todos los que en ella habitan,
sube toda ella como el Nilo
y mengua como el Nilo de Egipto;
el que edifica en los cielos sus altos aposentos,
y sobre la tierra ha establecido su bóveda;
el que llama a las aguas del mar
y las derrama sobre la faz de la tierra:
el Señor es su nombre.

¿No sois vosotros para mí como hijos de Etiopía,
oh hijos de Israel? —declara el Señor.
¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto
y a los filisteos de Caftor y a los arameos de Kir?
He aquí, los ojos del Señor Dios están sobre el reino pecador,
y yo lo destruiré de sobre la faz de la tierra;
sin embargo, no destruiré totalmente a la casa de Jacob —declara el Señor.
Porque he aquí, yo daré un mandato,
y zarandearé a la casa de Israel entre todas las naciones,
como se zarandea el grano en la criba,
sin que caiga ni un grano en tierra.
10 A espada morirán todos los pecadores de mi pueblo,
los que dicen: «No nos alcanzará ni se nos acercará la desgracia».